Dos personas por casualidad se conocieron hace casi un año. Este año fue lo mejor para los dos. Ahora se convierten en dos amigos inseparables. La vida les debe un chance, pero por ahora lo mejor es respirar…sobre mucho azul del cielo y el mar.
No se olvidará ella de él ¿y cómo podría hacerlo, si fue él quien despertó junto a ella y durmió con su voz durante más de 100 noches?
Sin quererlo encontramos una perfección imperfecta, separados por una distancia de más de 3000 kilómetros, pero fueron esos los kilómetros que terminaron haciéndolos, paradójicamente inseparables.
Tal vez siempre quedará un color para explotar un día no muy lejano, quizás un agujero de gusano vuelva a construirse para olvidarse del tiempo y del espacio, pero de lo que sí están seguros, eternamente seguros, es de que la conexión seguirá por siempre. Por siempre.
Ella nunca olvidará que con él conoció finalmente la palabra ternura, que nunca nadie había sido tan tierno con ella en sus treinta y tantos años de vida. Él le ha dicho que ella también le enseñó otras cosas más. Todas y cada una de esas cosas forman un hilo de color azul, que cierra algo que ahora ellos dos han decidido cerrar, hasta que la vida les de la oportunidad de cortar con una tijera el lugar que solo ellos conocen, la paz que ellos mismos construyeron y que ni el más fuerte de los problemas podrá derrumbar, pues existirá esa rara conexión hasta el último respiro del planeta.
Este año se acabó, pero el lunes ellos serán tal vez los mismos, tal vez no. La vida les impondrá muchos nuevos retos, y esos retos solo podrán ser superados siempre y cuando ellos no se separen, nunca.
Pureza es la palabra que los define, una dulce y eterna pureza de color azul.
Feliz año nuevo, caramelo.